jueves, 7 de octubre de 2010

Artículo Principal

PARQUE METROPOLITANO SIMÓN BOLIVAR COMO ESPACIO DE FORMACIÓN DE CULTURA CIUDADANA EN EL DISTRITO CAPITAL (1995 – 2007)

ELABORADO POR:
RUBEN DARIO ROSADO ORTIZ

TEMA
LA CIUDAD Y SUS ESPACIOS DE CULTURA CIUDADANA


OBJETIVOS

OBJETIVO GENERAL

Interrogar los aprendizajes relacionados con la formación en cultura ciudadana de los jóvenes, generados por las políticas y programas desarrollados por la administración distrital entre los años 1995 y 2007 en el Parque Metropolitano Simón Bolívar.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS

• Identificar las políticas distritales implantadas en el Parque Metropolitano Simón Bolívar entre los años 1995 y 2007 y sus probables referentes educativos.

• Reconocer el ámbito de formación en cultura ciudadana generado por los programas y políticas distritales implementados por la administración distrital entre los años 1995 y 2007 en el Parque Metropolitano Simón Bolívar.

• Analizar los impactos de las políticas distritales, desde 1995 al 2007, con respecto a la formación en cultura ciudadana en las poblaciones de jóvenes asistentes al parque en los años 2005, 2006 y 2007.


MARCO TEÓRICO CONCEPTUAL

En principio, es necesario evidenciar desde qué perspectivas entenderé los conceptos centrales a abordar en el presente ejercicio investigativo, haciendo una aclaración, y es el hecho de que no podré extenderme demasiado en la descripción del entramado conceptual como la ciudadanía, la cultura democrática y la cultura como tal, debido a que no se trata aquí de dilucidar las relaciones entre los anteriores y la cultura ciudadana como tal .

Ahora bien, podemos tomar, en principio una breve definición de cultura que se encuentra involucrada y desarrollada en las políticas distritales mismas y que me parece necesario evidenciar para lograr un análisis, a la luz de las mismas, sobre las implicaciones de la cultura ciudadana en los espacios urbanos de Bogotá. La posición de la propuesta estatal converge con la propuesta por la UNESCO que engloba la multiculturalidad, la interculturalidad y la diversidad dinámica de las culturas hoy, en occidente y en nuestro país. La anterior definición sirve como marco de referencia para la Ley General de Cultura, Ley 397 de 1997 y las políticas culturales Distritales de Bogotá 2004-2016, desde las cuales se configuran algunos referentes oficiales de esta materia.

Más allá del marco institucional, la anterior definición reconoce lo plural, lo diverso y lo dinámico, elementos propios de la cultura que será mi marco de estudio, tal como lo dice el Plan Nacional de Cultura:

“en su sentido más amplio, la cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias” .

En este mismo sentido, se acuñan otros elementos propios del concepto de cultura ciudadana desarrollado por Antanas Mockus en los trabajos que sustentan los aportes realizados durante sus planes de desarrollo, la cultura ciudadana es entonces “el conjunto de costumbres, acciones y reglas mínimas compartidas que generan sentido de pertenencia, facilitan la convivencia urbana y conducen al respeto del patrimonio común y al reconocimiento de los derechos y deberes ciudadanos” . Esta definición primaria de lo que es la cultura ciudadana se encuentra también plenamente enlazada con los objetivos de los planes de desarrollo abordados desde la primera administración de Mockus, a saber, “formar ciudad” (Antanas Mockus 1995 – 1998), “por la Bogotá que queremos” (Enrique Peñaloza 1998 – 2001), “Bogotá para vivir todos del mismo lado” (Antanas Mockus 2001 – 2003) y “Bogotá sin indiferencia” (Luis Eduardo Garzón 2004 – 2008), además cabe aclarar que la concepción de cultura es abordada en la medida en que se puede percibir una coherencia y relación entre las políticas distritales abordadas, las visiones de cultura, de ciudadanía, entre otros y la definición del concepto de cultura ciudadana elaborado en el contexto de la primera administración de la alcaldía de Mockus.

La definición completa de Mockus con respecto al tema de cultura ciudadana, y la conceptualización a la que necesariamente debo referirme en la presente investigación no es otra que la siguiente:

“el conjunto de costumbres, acciones y reglas mínimas compartidas que generan sentido de pertenencia, facilitan la convivencia urbana y conducen al respeto del patrimonio común y al reconocimiento de los derechos y deberes ciudadanos. Su propósito es desencadenar y coordinar acciones públicas y privadas que inciden directamente sobre la manera como los ciudadanos perciben, reconocen y usan los entornos sociales y urbanos y cómo se relacionan entre ellos en cada entorno”

Cabe anotar entonces que este concepto sólo puede ser visto a la luz del discurso del ex – alcalde de Bogotá Antanas Mockus, que con los referentes desarrollados en sus textos clásicos enlaza elementos de diverso carácter para lograr contextualizar los ámbitos de la cultura ciudadana en la ciudad de Bogotá. Los primeros desarrollos del concepto tenían la intención de generar espacios de formación en cultura ciudadana en la ciudad misma, sin la necesidad de la operatividad de un estamento educativo, dentro de estos primeros desarrollos se pretendía que específicamente en los parque se pudieran generar espacios para la construcción de cultura democrática, “la cual facilita una armonización gradual, aunque siempre parcial entre las relaciones legal, moral y cultural, como la construcción de convivencia y de manera constructiva el rechazo de la violencia” .

Desde esta posición conceptual abierta, es importante el debate, el intercambio de argumentos y los acuerdos en consensos interiorizados que ayudan para la consolidación de una verdadera cultura democrática y por la misma vía un desarrollo en la cultura ciudadana, estas últimas se constituyen como elementos fundantes de la democracia logrando con todo “que las instituciones del distrito representen el interés público y que los ciudadanos practiquen democráticamente el control y la veeduría, y al mismo tiempo se apropien de los diversos espacios democráticos para que sean más participativos” . Además el dilema de la participación de los ciudadanos en un ambiente de cultura democrática fue una preocupación primordial de la administración de Mockus y eso es lo que considero que se pretendía desarrollar con algunos de los programas que funcionaron en el periodo comprendido entre los años 1995 y 2007 en el P.M.S.B. y el alcance de los mismos, que es lo que pretende abordar la presente investigación allí, propuestas como por ejemplo “Rock al Parque” pretendían, entre otras cosas “fortalecer la regulación cultural y la regulación moral” además de “la construcción de convivencia y de manera constructiva el rechazo de la violencia” .

En lo que respecta a este concepto en particular en un momento posterior del presente informe será contrastado con la realidad; es necesario también recalcar que las políticas distritales que pretendo contrastar con las posibilidades de aprendizaje en el P.M.S.B. serían como sigue; los Planes de Desarrollo Distritales en primera instancia, el documento Políticas Culturales Distritales 2004 – 2016, el Plan Nacional de Cultura y el documento del Departamento Nacional de Planeación “Fomentar la Cultura Ciudadana”.

Establecido el referente conceptual más relevante indicaré entonces algunas precisiones sobre desde qué perspectiva entenderé el enfoque educativo que se empezó a dar a las políticas distritales a partir del año de 1995 con el primer gobierno de Mockus. Para lo anterior es necesario aclarar que no he realizado una suposición de que existe una pedagogización del discurso regulador estatal, debido a que ello fue desarrollado de manera coherente, entre otros, por el profesor Saénz que inicia con una exposición indicando la aparición de cuestiones que salían de la institución educativa y que se situaban en las fronteras de la misma elementos que se articularon, según él, a partir de la consolidación del grupo Federici que apropiaron la teoría de la acción comunicativa y elementos de Berstein y Wittgenstein para indicar la inclusión de lo educativo en un espacio más amplio, la ciudad , que fue básicamente el discurso abordado desde la concepción de ciudad educadora de Pérgolis que entiende cómo los espacios de la ciudad misma pueden ser tenidos en cuenta para desarrollar estrategias educativas y cómo desde allí también existe un discurso pedagógico que se puede evidenciar de manera conceptual para hacer evidentes estos procesos de formación.

Otro referente teórico es el constituido por las investigaciones de la doctora Liliana López Borbón que realiza un análisis de los alcances en comunicación del plan de desarrollo 1995 – 1997 en donde se evidencia un discurso con características formativas abordado desde los medios de comunicación en el distrito capital, aporte que también me ayudó a reconocer los elementos educativos de la estrategia comunicativa de los planes propuestos por Mockus y que me permitió identificar claramente las intenciones pedagógicas de las políticas distritales y cómo estos mismos objetivos se han consolidado incluso hasta el presente.

Ahora bien, después de evidenciar de manera somera algunos de los referentes teóricos más importantes abordados en el ejercicio investigativo, esbozaré entonces, bajo qué premisas e hipótesis deseo realizar la lectura de la teoría y conceptualización misma. Empezando por el papel educativo y la intención pedagógica que se puede encontrar en las políticas distritales mismas, en este aspecto coincido con el profesor Saénz en la medida en que dichas políticas tuvieron, e incluso tienen una intención educativa y esa intención educativa se puede y se debe medir aunque no ha sido el camino que ha tomado la administración distrital propiciando que los aprendizajes se queden en la teorización más que en la práctica real de una articulación vivencial en los espacios urbanos.

Entre los estudiantes entrevistados encontré una división muy sugerente, pues, parece ser, que existen unos aprendizajes de carácter formal que son evidenciados por ellos y, por supuesto, en algunas ocasiones se encuentran interiorizados pero también existen unos aprendizajes informales que no son identificados por todos los individuos, aunque ello no quiere decir que no se encuentran presentes, sino que los métodos de medición que debemos tener en cuenta tendrían que realizar un análisis de lo simbólico y su discurso en los espacios propuestos como socialización de las propuestas gubernamentales.

También es necesario aclarar que según las políticas culturales distritales la cultura misma ha logrado desarrollar unos referentes educativos vitales para la ciudad, tanto así que “La cultura ciudadana se considera hoy, más que un programa de gobierno, una práctica ciudadana y política de Estado que debe mantenerse y transformarse ; sin embargo, persiste una visión cuantitativa en la aplicación e indagación de los alcances y perspectivas de las políticas, pues lo único que encontramos en lo que se refiere a las evidencias son las cifras que se nombran para subsanar la falencia de una herramienta evaluativa y que además minimiza el papel del P.M.S.B. como formador de la sociedad en la cultura ciudadana en la medida en que se observa desde un referente lúdico – recreativo que, aunque le es inherente, lo reduce a lo no medible, a lo imperceptible, a lo no educativo por eso podríamos afirmar que el análisis de las prácticas formativas del Estado por fuera de la escuela “Permite acceder a las formas sistemáticas por medio de las cuales el Estado y sus instituciones se han relacionado con la sociedad; hace visible la dimensión comunicativa y simbólica de la práctica estatal, ignorada por los análisis económicos e institucionales” .

Pero las Políticas Culturales Distritales no son las únicas que han reducido ostensiblemente al parque, ellas son herederas de un movimiento pedagógico que se llamó las “rutas pedagógicas” que también tenían la característica de observar al P.M.S.B. desde su referente únicamente lúdico y de ocio, pues éste encontraba en la “ruta” como un espacio solamente de diversión y no se comprendía como vehículo de las políticas en formación de cultura ciudadana, dichas rutas fueron esgrimidas con la intención de acercar la ciudad a la escuela y que en su momento se organizaron como (escuela – ciudad – escuela) con un programa que funcionó entre los años 1997 y 2003 vinculado a la Secretaría de Educación Distrital y que se denominó “Bogotá te enseña”, ahora dicho programa se encuentra vinculado con el eje social del Plan de Desarrollo “Bogotá positiva para vivir mejor” 2008 – 2012.

Sin embargo, es esa perspectiva cuantitativa la que no permite analizar el verdadero impacto que el cambio en el discurso de las políticas estatales ha generado en la población, y, aunque las cifras podrían ampliamente sustentar los alcances, el imaginario ciudadano no se ha medido de acuerdo a los retos de la ciudad y particularmente el que me llama la atención es el de los eventos culturales, que son vistos, en la mayoría de los casos, en su sentido más recreativo y de ocio y no se aprecian los elementos que comprenden un sugerente proceso educativo que en ocasiones si es identificado por los ciudadanos.

Debo indicar también que desde la propuesta de cultura ciudadana propuesta por Mockus en su primer plan de gobierno, lo único que me interesaba observar en los asistentes al parque es el apartado que se refiere a la necesidad de generar en las personas una diferenciación entre lo propio y lo urbano asumiendo comportamientos propios del espacio público y manteniendo unos mínimos de convivencia comunitarios, en palabras del mismo ex – alcalde “‘marcar’el espacio público, de forma que éste sea reconocido como espacio que delimita la conducta y requiere de prácticas autorreguladoras ” y también lo que tiene que ver con la concepción de cultura ciudadana enmarcada en el referente conceptual que ya cité.

Ahora bien, en lo que respecta a la evaluación de las políticas, entendiéndola como un espacio para la reflexión, ya no cuantitativa, sino cualitativa, de los alcances de las mismas, creo que es necesario precisar qué fue lo que encontré en el análisis de las entrevistas. En principio uno de los elementos que aparece indudablemente es la falencia que puede poseer el parque como aparato de educación “formal” pues cuando le pregunté a los asistentes sobre si consideraban que era un espacio que educaba o que tenía un fin educativo, la respuesta en la mayoría de los casos es que nunca lo han percibido como un lugar en dónde sean educados.

El anterior elemento es de una relevancia monumental, en la medida en que la discusión con las cifras muestra un alto porcentaje de aceptación de las propuestas como se puede evidenciar en los resultados de la primera aplicación del sistema de medición de la cultura ciudadana en Bogotá donde se indica que el programa organizado desde la alcaldía de Mockus fue aceptado de manera mayoritariamente positiva pues “la mayoría de los encuestados destacó avances importantes en lo que respecta al trato de la policía hacia los
ciudadanos, el respeto por las normas de tránsito, las relaciones entre conductores y peatones y la actividad cultural en la ciudad” , parece entonces que las fronteras infranqueables de la medición planteadas por Saénz tienen fundamento en la realidad. Sin embargo, ello no debe resultar necesariamente desalentador, en la medida en que la medición de los aprendizajes en cultura ciudadana no se puede mediar con la comprensión de los ciudadanos de las prácticas educativas estatales inmersas en las políticas distritales mismas; antes bien, considero éste un elemento fundamental de las entrevistas debido a que nos permite tomar distancia entre lo observable y lo racionalizable, entre las políticas de inclusión democráticas y las percepciones diferenciales de los individuos y arroja luces para que un próximo ejercicio construya verdaderas alternativas para la medición de los alcances formativos.

Otro elemento fundamental que podré abordar en el presente informe es que muchos de los entrevistados comentaron que, en lugar de sentirse educados, lo que percibían de los espacios institucionales, por ejemplo, Rock al Parque, es que allí se dan graves dinámicas de ilegalidad debido a que los mismos integrantes de “Misión Bogotá” y los vendedores “ambulantes” son los que distribuyen el licor y las sustancias alucinógenas. Aunque luego indican ellos mismos, que lo importante de esos espacios es que allí puede asistir cualquier ciudadano haciendo que se puedan involucrar la diversidad de culturas. Éste último es otro elemento que me parece clave analizar, pues el “lema” bajo el cual está fundado Rock al Parque es “extrema convivencia” y el hecho de que, por lo menos puedan asistir el sinnúmero de miradas culturales de los ciudadanos constituye de por sí un espacio para el aprendizaje de la convivencia y el respeto de mínimos de convivencia; esto se puede entender si evidenciamos que uno de los objetivos del primer plan de gobierno de Mockus, en el que además se instala la oficialización del Festival de Rock al Parque, es el formar en cultura ciudadana entendiendo que se trataría de construir un “común denominador entre distintas culturas que haría posible que éstas puedan coexistir” y ese objetivo se evidencia en lo que pude observar en el parque durante las jornadas a las que asistí.

No puedo negar que persisten en los ciudadanos las costumbres contrarias a la formación ciudadana, y de sobre manera en “Rock al Parque” debido a que constantemente se pelean y agreden entre sí, pero, además de la participación de los medios policiales coercitivos, se puede observar que en algunos encuentros, grupos específicos de tribus urbanas llevaban consigo carteles declarando la necesidad de la coexistencia pacífica entre los asistentes a los eventos (elemento que, desde mi punto de vista, evidencia de manera clara un proceso educativo informal) algunos de los estudiantes entrevistados dijeron al respecto que incluso en el festival se podrían proponer espacios para que se creara un lazo entre “rockeros y Hoppers” .

Es preciso entonces indicar que la medición de la educación en cultura ciudadana en el contexto del P.M.S.B. no es una labor que se pueda iniciar a partir de la evaluación de la percepción de los ciudadanos sino que requiere del ojo observador del investigador para lograr extraer las evidencias del aparato educativo estatal en la realidad cotidiana. Por ejemplo, el hecho de que en algunos eventos se hubiera tenido una asistencia cercana a las 350.000 personas y no se encontrara el parque con demasiada presencia de basura, el hecho mismo de que en muchas de las otras actividades propuestas en el parque mismo no se presenten problemas de convivencia significa también que los asistentes están programando un mínimo de elementos necesarios para la asistencia a los eventos. Tampoco quiero terminar el presente informe sin indicar que, aunque no todos, algunos de los entrevistados indicaron elementos clave de la cultura ciudadana en el P.M.S.B. debido a que cuando asistieron se percataron de la “decencia”, como ellos lo llamaron, de las personas que asistían a las canecas para depositar las basuras y también cómo algunos padres reprendían a sus hijos para que no dañaran las plantas. Indicaron además que el aprendizaje en el parque depende de quién lo está analizando, pues desde “afuera” uno piensa que es muy desorganizado y problemático, pero cuando se involucra encuentra que hay un “orden en el desorden” que hace el parque algo interesante.

CONCLUSIONES Y PERSPECTIVAS

He querido terminar este breve ejercicio indicando que más que conclusiones lo que el ejercicio me aportó fueron perspectivas. No podría como tal abordar la necesidad de emitir un juicio calificativo al proceso puesto que el tratamiento de la información se encuentra todavía en un momento no concluyente y además porque no se abordaron todos los elementos que pretendía desarrollar en razón de la extensión. Antes bien, lo que me quedan son perspectivas, elementos que puedo retomar en un segundo momento de la investigación para profundizar los hallazgos tan someramente esbozados; con todo, aquí hay algunas perspectivas:

• Es necesario construir, antes de realizar la contrastación de la realidad un enfoque holístico de evaluación de los programas y políticas distritales que tienen como finalidad formar en la cultura ciudadana, debido a que el concepto mismo es abierto, heterogéneo y multidisciplinar su tratamiento debe ser comunitario. Dicha herramienta de medición deberá intentar dar cuenta de los elementos simbólicos que son los que más se encuentran presentes en el contexto de incidencia y además presentar estados de la situación para la apropiación cualitativa.

• El enfoque mismo de las mediciones que se intenten realizar debe ser decididamente cualitativo, debido a que la información cuantitativa no arroja los elementos clave para medir el impacto de un concepto que no se puede encerrar en una determinación de número de asistentes, personas beneficiadas o cuestionadas sobre partes de las mismas políticas analizadas y esbozadas de manera fragmentada.

• Evidentemente el P.M.S.B. es un espacio en donde, a partir de la políticas distritales, se están formando personas en cultura ciudadana, es un parque que evidencia que es posible construir ciudad desde lo simbólico y desde las prácticas cotidianas, elementos clave que fueron explicitados por los textos de Liliana Lopez Borbón y Javier Saénz, en el abordaje conceptual; pero cabría también recalcar que la medición es un referente demasiado complejo cuando se refiere a las poblaciones en particular.

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1 comentario:

  1. en el presente artículo de investigación no se encuentran las citas textuales debido a la edición en html, sin embargo pongo el link que corresponde al artículo para cualquier consideración

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